Situación de las Enfermedades Transmisibles

Escrito por Israel Cedeño
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Control de las enfermedades transmisibles

Las enfermedades no se ven limitadas por las fronteras geopolíticas y pueden, pues, propagarse rápidamente atravesando fronteras mediante el comercio y los viajes internacionales; una crisis sanitaria localizada en un solo país puede llegar afectar la economía y los medios de subsistencia de toda la comunidad internacional.

La Región de las Américas contiene una amplia gama de entornos y situaciones particulares que pueden contribuir a la aparición de amenazas infecciosas; por ejemplo, populosos centros urbanos afectados por múltiples desastres naturales y zonas rurales remotas sin agua potable ni saneamiento, donde sigue siendo frecuente el contacto estrecho entre personas y animales. El riesgo de enfermedades transmisibles en la Región se ve también afectado por las presiones ambientales asociadas, entre otros factores, a la urbanización acelerada y el cambio climático. Por ejemplo, la aparición y propagación de arbovirus depende de la presencia y abundancia de sus vectores, que a su vez guarda relación con diversos factores sociales, económicos y ambientales . A los macrodeterminantes que influyen en la aparición de estas enfermedades se añaden los efectos del cambio climático, que repercuten en la intensidad y duración de las temporadas de lluvias y huracanes, originan sequías pertinaces y alteran la biodiversidad. La pobreza persistente y las desigualdades sociales dificultan asimismo el progreso sostenible y equitativo en el control de las enfermedades transmisibles.

De todos los microbios patógenos para el ser humano que hay en el mundo, un 61% se consideran zoonosis y son responsables del 75% de las enfermedades infecciosas emergentes registradas en el último decenio. Según un estudio sobre la importancia de las zoonosis y las enfermedades transmisibles comunes a personas y animales como posibles emergencias de salud pública de importancia internacional (ESPII)1 70% de las ESPII registradas en la Región de las Américas se produjeron en los puntos de contacto entre animales y personas. De ellas, un 25% fueron eventos relacionados con la inocuidad de los alimentos. Estos resultados ponen de relieve la importancia de la colaboración intersectorial y de los puntos de contacto entre animales y personas. Diversas zoonosis, como la gripe y la leptospirosis, figuran entre las diez principales amenazas infecciosas del continente americano en el Sistema de Gestión de Incidentes de la OMS. La peste, otra zoonosis, es una de las pocas enfermedades que requieren notificación según el RSI 2005, aunque actualmente no haya ningún brote de peste en la Región .

Otros retos para controlar las enfermedades transmisibles en la Región guardan relación con los cambios demográficos, de modo de vida y en cuestiones como la disponibilidad de los tratamientos y la farmacorresistencia. Por ejemplo, múltiples enfermedades infecciosas crónicas han aumentado con el envejecimiento de la población. La resistencia a los antibióticos, antifúngicos, antiparasitarios y antivirales ha surgido como un factor de gran repercusión económica en el producto interno bruto (PIB) anual mundial, que podría descender entre un 1,1% y un 3,8% de aquí al año 2050 (dependiendo del nivel estimado de resistencia a los antimicrobianos), según un informe del Banco Mundial . La farmacorresistencia podría poner en peligro los esfuerzos por eliminar la malaria, la tuberculosis y la infección por el VIH y, de ese modo, repercutir directamente en la letalidad de dichas enfermedades (20). Evitar la propagación de infecciones resistentes y frenar la aparición de resistencias es fundamental para la Región.

Entre los grupos con mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas se cuentan las personas con acceso insuficiente a agua potable y saneamiento y las que viven por debajo del umbral mundial de pobreza, en particular pacientes inmunodeprimidos, embarazadas y niños. Algunos grupos de población deben afrontar también obstáculos para el acceso a los servicios de prevención y control como consecuencia de la estigmatización y discriminación por su comportamiento, orientación sexual o etnia, que pueden verse agravadas por el marco jurídico y las creencias culturales y religiosas.

Aun cuando ha disminuido la circulación de muchos microbios patógenos establecidos en la Región de las Américas, las enfermedades infecciosas tanto nuevas como tradicionales (por ejemplo, fiebre del Zika, chikunguña, dengue, peste, cólera, fiebre amarilla y leptospirosis) pueden aparecer o reaparecer periódicamente. Esto plantea diversos retos para los sistemas de salud que en ocasiones conducen a perspectivas políticas, sociales y técnicas contrapuestas, así como a la ausencia de una estrategia organizada y eficaz de salud pública.

La aparición o reaparición de enfermedades transmisibles guarda relación con factores sociales, políticos y económicos que dan lugar a mayor movilidad entre la población, mayor presión sobre el ambiente y alteraciones ambientales, así como a disparidades entre los distintos grupos sociales en cuanto a falta de capacidad de los servicios de salud para detectar, prevenir y controlar las enfermedades (8). La prevención y el manejo de las enfermedades emergentes constituyen una importante inquietud de salud en la Región. Los brotes agudos de dengue, chikunguña y fiebre del Zika han aumentado la presión sobre los sistemas de salud y puesto en evidencia sus debilidades estructurales y las deficiencias de las estrategias fragmentadas ante una emergencia de salud pública. Además, la Región se enfrenta a brotes de enfermedades reemergentes como la fiebre amarilla, el cólera y la peste, que pueden causar graves epidemias. Estos brotes suponen una amenaza para la seguridad de salud pública y pueden socavar el progreso socioeconómico.

 

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